¿Niños inabor­dables ?

El título que nos convoca estas próxi­mas jor­na­das merece que nos deten­ga­mos en él.

Por un lado, el niño inabor­dable, puesto entre signos de inter­ro­ga­ción, nos remite al constante reto que supone el abor­daje de la clí­nica del niño y del ado­les­cente en la época actual, en nues­tro mundo convul­sio­nado bajo la égida del “cénit del objeto a”. ¿Qué signi­fica esta for­mu­la­ción ? Que tanto niños como ado­les­centes que­dan situa­dos por el dis­curso actual en el lugar de quienes bus­can una satis­fac­ción per­ma­nente en los obje­tos, satis­fac­ción que no se obtiene ya por la orien­ta­ción de los ideales.

Pero tam­bién “el niño inabor­dable” ase­gura la impo­ten­cia de los adul­tos para lle­var ade­lante una convi­ven­cia rela­ti­va­mente pací­fica, en el caso de los pro­ge­ni­tores, y un tra­ta­miento con un pro­fe­sio­nal, que supone en muchos casos una incan­sable batalla de ree­du­ca­ción. Para noso­tros, psi­coa­na­lis­tas des­mar­ca­dos por com­pleto de ese abor­daje, se tra­tará de otra cosa y ésta será per­ma­nen­te­mente causa de investigación.

Entendemos que “el niño inabor­dable” es parte de una trama en la que él mismo queda cla­ra­mente concer­nido : no solo en la varia­bi­li­dad de lazos fami­liares, en el mejor o peor de los casos, sino tam­bién en los Unos fami­liares regi­dos por un movi­miento que no esta­blece lazo, des­co­nec­ta­dos unos con otros bajo la pre­do­mi­nan­cia de un goce que des­carta el deseo ; es decir, en una suerte de pie­zas suel­tas y de incon­sis­ten­cia en los vín­cu­los, a la vez que en la caren­cia de refe­rentes. Asimismo, los exce­sos en la manera de alo­jarlo impac­tarán, conjun­ta­mente con los efec­tos de la contin­gen­cia, sobre el pequeño par­lêtre, de manera dife­rente en cada uno, deri­vando de ello un fun­cio­na­miento de uso sin­gu­lar de su lalangue en el entra­mado familiar.

Esa moda­li­dad sin­gu­lar se pre­sen­tará, a veces, poniendo obje­ción o yendo a la deriva ; uno y otro, enmar­ca­dos en los deno­mi­na­dos tras­tor­nos pro­pues­tos por el dis­curso psico-médico-social, cuya varia­bi­li­dad y amplio catá­logo ya conocemos.

Si “la fami­lia tiene una fun­ción de resi­duo en las socie­dades”[i], pode­mos decir que ese niño inabor­dable parece mani­fes­tarse él mismo, en muchos momen­tos, cris­ta­li­zado en ese lugar, en tanto eje consti­tuyente de esa “unión” fami­liar, lo que supone el hecho de haberse conver­tido a la vez en un núcleo de goce.

Es lo que ya seña­laba Lacan en la “Nota sobre el niño”2, cuando des­cribe que el niño que­daría atra­pado en el fan­tasma materno, como objeto a, resi­duo y resto de esa ope­ra­ción. De eso, tene­mos consta­ta­ción en la clínica.

Muchas veces ese niño, en oca­siones lla­mado, ¿por qué no?, “difí­cil”, consigue hacer uso de ese núcleo de goce “hacién­dose inabor­dable” de manera sin­tomá­tica, pro­du­ciendo una inven­ción, un bri­co­laje de una por­ción de goce que ha conse­guido ser atra­pado por la pala­bra y, por tanto, ha podido habi­li­tar un rasgo de conexión, con el resul­tado de hacer serie con otros signi­fi­cantes mayores que lo consti­tuyen como sujeto de goce y deseo.

Por todo ello, no olvi­de­mos entonces que ese “entra­mado fami­liar” tam­bién es obra del niño, en el sen­tido de que es él quien teje y construye con los signi­fi­cantes que devi­nie­ron, en pri­mera ins­tan­cia, de la len­gua hablada por el Otro, el tra­bajo de pro­du­cir una respuesta, y es en ella misma, en su reso­lu­ción, donde podre­mos hal­lar los resi­duos más o menos efec­ti­vos que lo determinaron.

Tal como nos lo advierte Daniel Roy en su texto de orien­ta­ción : “Padres exasperados-Niños ter­ribles” 3 : “Esta ins­crip­ción es la parte que retorna a cada uno de los seres hablantes, en la medida en que hace o no exis­tir la fun­ción signi­fi­cante de la fami­lia donde se impone su fun­ción de goce…”

Pero sabe­mos que esa respuesta que construye el niño no siempre tiene valor de des­ci­fra­miento, no siempre se pue­den dar “reto­que­ci­tos” a su lalangue.Como bien señala Lacan : “Solo hay incons­cientes par­ti­cu­lares, en la medida que cada uno, a cada ins­tante, da un reto­que­cito a la len­gua que habla”4. Cuando encon­tra­mos dichos reto­que­ci­tos, esto per­mite zam­bul­lirse en el sen­tido, y es lo que hace una y otra vez que el pequeño sujeto encarne la len­gua, haga uso de ella, aunque sea lla­mado por el adulto “conflic­tivo”, “difí­cil” o “inabor­dable”.

Otras veces esa respuesta es tan solo una efrac­ción de goce, com­pleja de abor­dar, incluso para él mismo, porque los meca­nis­mos simbó­li­cos no tiñe­ron sufi­cien­te­mente la pul­sión, que­dando la respuesta del niño a cielo abierto. Entonces, se hace “inabor­dable”, porque las pala­bras no lo bor­dea­ron lo sufi­ciente como para sepa­rar esa parte del cuerpo extra­íble como objeto que, en su ope­ra­ción, que­daría adju­di­cada al Otro. Ante este fra­caso, las pala­bras que­dan suel­tas, desa­mar­ra­das y fun­cio­nan en su “mate­ria­li­dad”; a veces incluso como proyec­tiles que devie­nen en muchas oca­siones en actos violentos.

Así, reto­mando lo ante­rior, lo que retorna de esa ins­crip­ción, de esa conjun­ción de signi­fi­cante y goce, coci­nada en el núcleo fami­liar, se consti­tuirá en una respuesta sin­gu­lar, que sea cual fuere, ten­drá todo su valor, valor de uso que insis­ti­mos aquí en remarcar.

Por consi­guiente, ¿cuál es el des­tino para el “niño inabordable”?

Para noso­tros, psi­coa­na­lis­tas, se trata de “a- bor­dar” una clí­nica que supon­dría cap­tar de aquel­los sín­to­mas o de aquel­las “dis­fun­ciones” un posible uso. Un uso para que ese sujeto infan­til pueda “bor­dear” y bor­dar con sus pala­bras y sus actos el tejido que sirva de bas­tión ; ahí donde los des­bordes que lo han hecho intra­table y ase­gu­ran su fra­caso ; ahí donde hacerse recha­zar por el Otro social garan­tiza pasajes al acto que lo lle­van a lo peor ; donde todo lo ante­rior, decía­mos, pueda hal­lar otro tra­ta­miento del goce.

Hagamos pues uso de esos “tras­piés”, de esos “tro­pie­zos” de los niños, algu­nos más mor­ti­fi­cantes y mor­ti­fi­ca­dos que otros, para tra­tar­los y darles un lugar de sujeto.

“Niños inabor­dables”, entonces, pero abor­dables uno por uno.

Ruth Pinkasz
Comisión de orga­ni­za­ción de las XVIII Jornadas de estu­dio de la DHH-NRC.

12 de febrero de 2022

Ejes de trabajo :

  • Entramados fami­liares y sus eco­nomías de goce
  • El niño y sus “arre­glos singulares”
  • El ana­lista “pragmá­tico y bricolador”

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[i] Miller, Jacques-Alain. “El reverso de la fami­lia”. Consecuencias, Revista digi­tal de Psicoanálisis, Arte y Pensamiento. Abril de 2012.

Lacan, Jacques. “Nota sobre el niño”. Otros escri­tos. Editorial Paidós, Buenos Aires, 2012, p.393.

Roy, Daniel. “Padres exas­pe­ra­dos – Niños ter­ribles”. Texto de orien­ta­ción Hacia la 7ª Jornada del Instituto Psicoanalítico del Niño. 2021. Inédito en cas­tel­lano. Disponible en fran­cés :  https://institut-enfant.fr/wp-content/uploads/2021/01/PARENTS_EXASPERES.pdf

Lacan, Jacques. “El Seminario Libro XXIII”. El Sinthome. Editorial Paidós, Buenos Aires, 2006, p. 131.

 

 

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